Tu boda: la delgada línea entre emoción y obsesión

¿Estás disfrutando la planeación de tu boda o es una tortura para ti?

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Por: Paulina Santibáñez

No es ningún secreto que todas las novias quieren que su gran día sea perfecto, tal como lo imaginaron siempre: el vestido, los zapatos, el lugar, la decoración, las invitaciones, la música, el primer baile de novios… Pero ¿qué sucede cuando esas ganas por que todo salga conforme a lo planeado se convierten en una obsesión?

Andrea, una chica de 25 años próxima a casarse, comparte su experiencia: “desde el momento en que empecé a planear mi boda supe que quería que fuera perfecta. Empecé a buscar proveedores como loca, visitar miles de lugares; pasaba horas frente a la computadora viento ideas en internet… Básicamente, empleaba todo mi tiempo libre en ver cosas relacionadas con mi boda. ¡Algunas noches no podía dormir por las ideas que daban vueltas en mi cabeza!”.

A decir verdad, la línea entre una planeación emocionante y una llena de estrés puede llegar a ser muy delgada. Organizar un enlace es uno de los momentos más importantes en la vida de toda chica, una etapa que debería poderse disfrutar al máximo y compartirse con sus seres queridos. Pero para muchas esta tarea se convierte en un generador de estrés y ansiedad, emociones que se contagian a los seres cercanos.

Andrea bien podría ser considerada una “bridezilla” más, pues tendemos a creer que este comportamiento obsesivo está justificado. Sin embargo, no está de más cuestionarse qué tan sano es –para nosotras mismas y para nuestras relaciones con los demás– que la planeación de nuestra boda se convierta en el fin último de nuestra existencia durante varios meses… o incluso años.

¿Cómo saber si te estás obsesionando con tu boda?


-Pasas todo tu tiempo libre viendo cosas relacionadas con tu enlace. Lo peor: es tu único tema de conversación con tu pareja y tus amigas.

-Te sometes a dietas estrictas o a tratamientos mágicos para bajar de peso y lucir “perfecta” en tu día. Y por supuesto: la estás pasando terriblemente mal.

-Crees que todos deberían dejar sus actividades normales para ayudarte en lo que necesites. Por si fuera poco, consideras que es su deber aguantar tus desplantes.

-Te sientes abrumada. Sólo quieres que llegue el día de tu boda para que “todo el infierno de la planeación termine” y por fin puedas descansar. Estás tan ansiosa que comes mal, duermes mal y no puedes ni concentrarte en tu trabajo.

-Tus relaciones personales se están viendo afectadas. Te has peleado con más de una amiga porque “no entiende por lo que estás pasando”, y discutes a cada rato con tu pareja por temas relacionados con la boda.




Si la planeación de tu boda es algo agotador, quizá sea momento de replantearte algunas cosas.

¿Te sientes identificada?

Toma en cuenta estas recomendaciones:

Pide apoyo. Si te sientes abrumada con tu boda, busca apoyo: puedes delegar algunas responsabilidades en personas de tu confianza, o bien, contratar los servicios de un wedding planner, quien se encargará de hacer todo por ti. Te cobrará una comisión, pero la inversión bien valdrá la pena. Conoce los pros y contras de contratar un wedding planner.

Organiza una boda pequeña, más íntima y relajada. Si crees que una boda enorme es demasiado para ti y todavía hay vuelta atrás, opta por una ceremonia más pequeña, que no te complique demasiado la vida y sea simbólica para ambos. Estas son 10 ventajas de tener una boda pequeña.

Mantente enfocada en lo importante. Ya tengas una boda grande o una pequeña, enfócate en lo realmente importante: estar rodeada por tus seres queridos y el amor de tu vida y pasar un buen rato. Si la mesa de postres no queda exactamente como la imaginas, no se terminará el mundo. ¡Aprende a dejar que las cosas fluyan!

Haz otras cosas. Claro que tu boda es importante (MUY importante), pero evita que se convierta en lo único en lo que pienses. Haz otras actividades: sal con tus amigas, ve al cine, toma clases de baile… Incluso puedes destinar uno o más días de la semana a hacer cosas que no tengan nada que ver con tu boda. 

Aprende a meditar. Te servirá muchísimo para despejar tu cabeza, relajarte y no dejarte llevar por el estrés del día a día. Además, te ayudará a dimensionar mejor las cosas, y a saber cuándo estás siendo prudente y cuándo estás yendo demasiado lejos. Medita diariamente, por lo menos cinco minutos. Mira estas técnicas sencillas

Haz ejercicio. No hay mejor forma de dar salida al estrés que hacer alguna actividad física que te distraiga. Puedes correr, hacer yoga, bailar… en fin. Échale un ojo a estos 7 ejercicios para hacer en pareja.


Recuerda: nada, ni siquiera la boda más perfecta, vale el hecho de que pases día y noche estresada, dañándote a ti y contagiando a los demás de tu mal humor. ¡Tu tranquilidad y tu salud van primero!


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