París, el destino romántico por excelencia

La capital francesa es el destino perfecto para dar rienda suelta al romance.

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Por: Mariela Sancari

París es un beso. Un beso francés cerca de un puente, al lado de un río, en los jardines que rodean un palacio, sobre el empedrado de una calle vieja… cualquier momento es perfecto para besarse en la Ciudad de la Luz. Este lugar los hará sentirse parte de un escenario antiguo pero radiante. 

Una romántica caminata parisina comienza en los pretiles de piedra a la orilla del río Sena, refugio por excelencia de los enamorados desde tiempos inmemoriales. De día o de noche, el paseo puede hacerse a pie o en los famosos ferries. Escoltado por edificios como el Palacio del Louvre o la Biblioteca Nacional y atravesado por 58 puentes, el Sena serpentea a lo largo de 776 kilómetros.

Desde la Plaza de la Concordia hasta el Grand y Petit Palais, sin olvidar la Torre Eiffel, la evolución y la historia de la ciudad se pueden apreciar desde el río. Entre los puentes que conectan las orillas del Sena, el más famoso y antiguo (protagonista de películas, canciones y versos) es, sin duda, el Pont Neuf, parada obligada para darse un beso y tomarse una foto. Seguramente se encontrarán con muchas otras parejas haciendo lo mismo. Si continúan el recorrido a lo largo del río encontrarán la catedral de Notre-Dame, uno de los sitios más visitados de la ciudad, que data de 1163.


La historia de amor más célebre ocurrida aquí es la de Esmeralda y Quasimodo, de Nuestra Señora de París, la novela de Víctor Hugo. Hoy es también una de las locaciones favoritas para tomar las fotos de recién casados. Saliendo de Notre-Dame crucen el Pont Saint-Michel para llegar al bohemio Quartier Latin (Barrio Latino), nombre acuñado a mediados del siglo XIII por los profesores y estudiantes de la Sorbona —en pleno corazón del barrio— que hablaban latín. Pidan una mesa para dos en uno de sus tantos bistrots. Relájense en la terraza y, con una copa de vino blanco en la mano, disfruten la preciosa vista de la iglesia St. Germaindes Prés, la más antigua de la ciudad.


A los jardines de un Palacio

Cerca de ahí se encuentran los majestuosos jardines del Palacio de Luxemburgo, uno de los tesoros de la ciudad y el lugar preferido de los parisinos desde hace siglos. Cansada de la vida en el Louvre y nostálgica de su Florencia natal, María de Médici, reina de Francia de 1600 a 1610, mandó construir el palacio y los jardines al estilo florentino. No se pierdan la famosa fuente que actualmente lleva su nombre. En los alrededores será fácil encontrar dónde comprar unas baguettes y alguna bebida refrescante. Recuéstense en el pasto o siéntense en alguna de las muchas sillitas típicas. Sin duda, es el lugar perfecto para hacer un picnic parisino. 


Nadie puede objetar que uno de los símbolos de amor más emblemáticos de la ciudad es la Torre Eiffel. ¿Qué pareja que haya visitado París no tiene una foto con esta construcción monumental de fondo? Sin embargo, les proponemos disfrutarla desde donde lo hacen los locales: en los jardines del Campo de Marte. Tomen un poco desol en el césped, a la usanza parisina, y déjense llevar por el murmullo de gente proveniente de un sinfín de países.



Además de la famosa basílica y el Moulin Rouge, clásicos de Montmartre, deben visitar el Muro de los Je t’aime, en la Plaza de Abbesses. Digan “te amo” en los 311 idiomas que figuran en la pared, de 40 metros cuadrados, diseñada por el músico francés Fréderic Bacon. El lugar, inaugurado en 2000, se está convirtiendo en otro símbolo de los enamorados. Este es el escenario ideal para un final de película o para cumplir uno de los sueños de toda pareja: besarse en París.

 

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