Violencia: ¿de dónde proviene y cómo detenerla?

Foto: Rogelio López Nava

Aprende a identificar una relación violenta y a terminar con ella a tiempo.

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Por: Nupcias Magazine

Los recuerdos que Mónica tiene de su infancia son completamente distintos de los que guarda la mayoría de los niños. Su etapa preescolar, que debería traer a su mente con alegría, coincidió con sus primeros encuentros con el estrés, con el temor de no cumplir con las expectativas de su madre y desatar su ira por su “incapacidad de mantenerse al frente de la escolta escolar”. Este ambiente siempre la rodeó y, en la medida en que creció, adquirió un matiz cada vez más violento.


Un poderío mal intencionado

La doctora Nohemí Díaz Marroquín, catedrática de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México, señala que la violencia es un acto de poder y control de una persona sobre otra. “Para que exista violencia el agresor debe sentir que tiene mayor poder y fuerza física. Asimismo, siente que tiene el derecho de que lo obedezcan. Mientras tanto, la víctima cree que no puede oponerse a los deseos del otro”.

Pero, ¿qué es lo que impulsa a alguien a convertirse en agresor? “La violencia es aprendida”, explica la especialista. “Todos tenemos un poco de ella, pues es la que nos ayuda a enfrentarnos a los retos; sin embargo, existen culturas que favorecen el sometimiento a los demás”.

La violencia psicológica es quizá la más complicada de identificar. ¿Quién pensaría que esas miradas que las mamás suelen dirigir a sus hijos para controlarlos son una manifestación de ésta? “La violencia sutil es más amplia, es la manera en que se devalúa o humilla a alguien. La propia indiferencia lo es: disminuye el poder y el equilibrio de la persona que la recibe. Si una agresión no se detiene se intensifica con el tiempo”.

De acuerdo con Mónica, su madre no le permitía tener amistades. “La gente siempre traiciona”, decía, por lo que Mónica nunca se atrevía a llevar a nadie a su casa o, más aun, a tener novio. La doctora Nohemí Díaz explica que este comportamiento es muy común en los agresores. Y es que “mientras menos soporte afectivo tenga la víctima, mayor es la posibilidad de someterla”.

“Generalmente este problema se vive en cascada. Es decir, cuando un papá violenta a sus hijos, lo hace porque a su vez viene de un ambiente similar, por lo que descarga su ira y frustración en los hijos; los enseña a obedecer sin respetar su individualidad y la disciplina se convierte en un pretexto para la violencia”. La única forma de detener este círculo vicioso es poner un alto con firmeza, aunque ello implique romper por completo con una relación. 

Hoy Mónica trata de reconstruirse a sí misma: ha considerado buscar un ascenso laboral y al mismo tiempo estudiará una maestría para actualizarse, quiere enamorarse y vivir tranquila. Confiesa que, aunque las cicatrices no terminan de cerrar, ya se preocupa más por su apariencia física: perdió peso, y hasta es capaz de mirarse al espejo.


Para ver:

Te doy mis ojos
Dirige Icíar Ballaín
España, 2003

Colaboración de Fundación Teletón México

 

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