Luna de miel en Provenza, campos de lavanda y castillos medievales

Foto: Giovanni

Existe otra cara del Mediterráneo de la que Van Gogh quedó prendado. ¡Descúbranla juntos!

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Por: Carlos Sánchez Pereyra (texto y fotos)

Vivo en Cataluña, y tengo que aceptar que he visitado más el sur de Francia que la propia Sagrada Familia de Barcelona. Es una adicción de la cual no tengo ningún deseo de desprenderme. No sé si se deba al estridente sonido de las cigarras que en pleno verano no cesan de advertir que se aproxima otro día de calor, siempre suavizado con la brisa del norte; los cafés con vistas al campo y el medioevo francés o simplemente el deseo de estar rodeado de ese espléndido paisaje.


Rumbo a Vaucluse

La costa de Provenza sabe completar esa imagen prefabricada donde el Mediterráneo intercala paisaje, romance y lujo. Pero existe otra cara, la de tierra adentro, donde los paisajes humanos están hechos a partir de la vida campirana, de la que Van Gogh quedó prendado y se obstinó en plasmar en más de 150 lienzos. 

A pocos kilómetros de Arles, la región donde el artista holandés acechaba aquellos paisajes “de colores fuertes, cielo azul, naranja, rosa, bermellón, un amarillo intenso, un verde crudo, vino y violeta”, se encuentra Vaucluse, un pequeño territorio provenzal que intercambia la vibrante vida costeña por pueblos que esperan otro día más de exquisito reposo. El mar cede espacio a la hábil naturaleza, que combina parques naturales con campos labrados, seguramente con la idea de decorar el entorno.


Los restaurantes de grandes firmas de chefs internacionales se rinden ante los pequeños locales que ofrecen el sabor genuino de la región. Admito que el viaje de Cataluña a Vaucluse implica toparme con la modernidad, sobre todo en los alrededores de la ciudad de Aviñón, donde las autopistas complican un poco la vida y causan confusión. La suerte tiende a estar de mi lado en esta batalla, ya que siempre tomo la salida equivocada y termino en el centro de la ciudad, un refugio de la historia de Europa donde cada verano se rinde homenaje al teatro en pleno festival callejero, muchas veces frente al majestuoso Palacio de los Papas, sitio que fue capital del mundo católico durante cien años.





Órbita provenzal

La mejor forma de integrarse a este entorno es alojarse durante varios días en alguna casa rural, rodeado de viñedos o de densos campos de lavanda. Otra posibilidad es hospedarse en un pequeño hotel en alguno de los pueblos y empaparse de historia y placer, que normalmente se satisfacen mediante caminatas por calles medievales y estancias en las terrazas de los cafés.


La tercera vía para conocer Vaucluse está en sus propios caminos. No es un asunto complicado: todo lo que se necesita es un coche, un mapa regional y una mochila llena de baguettes y vinos afrutados de la zona. Las carreteras suelen ser estrechas, las distancias por recorrer son cortas y el listado de sitios por visitar nunca se pone de acuerdo con la duración total de la estancia.


Desde Gordes se llega a la Abadía Notre-Dame de Senánque, aún habitada por monjes que trabajan los campos de lavanda en los alrededores. Cerca de ahí se encuentra el río Morgue, que invita a recorrer la población de L’Isle-sur-la-Sorgue a través de los canales que la atraviesan y que llevan, casi de la mano, a los molinos medievales que remueven sus aguas, aunque también dan tiempo para visitar el mercado callejero de antigüedades más grande de Francia.


Al sur de Vaucluse el paraíso se extiende, solo que aquí se le conoce como Luberon. La receta continúa siendo de alto nivel: lavanda, viñedos y pequeñas villages perchés que invitan a disfrutar de los villorrios vecinos, algo que hace a la perfección el Café de France del poblado de Lacoste. Cuenta con una terraza desde donde se puede observar, a cinco kilómetros de distancia, el pueblo de Bonnieux y los campos de labranza que lo rodean.


Antes de partir de Lacoste hay que experimentar la cultura en su castillo, ahora propiedad de Pierre Cardin. Este inmueble tuvo otra vida cuando el Marqués de Sade lo habitaba. La última vez que estuve en la Provenza quise despedirme de ella recorriendo los campos de lavanda que rodean Sault. Era finales de julio y las destilerías trabajaban con la flor para llevar su esencia a todo el mundo. También era tiempo de preparar la Fiesta de la Lavanda, celebrada a mediados de agosto. 



TIPS:


-La Provenza es una región grande. En Aviñón hay diversas compañías de renta de automóviles para que puedan moverse libremente en esta zona.

- Para llegar a la región de Vaucluse, en la Provenza, pueden volar desde París o bien viajar en un TGV (tren). Desde México también se puede volar a Barcelona, y de ahí, iniciar un recorrido de cuatro horas en coche hasta Aviñón.

- Para vivir más de cerca la Provenza existen casas que se alquilan por temporada. Algunas ofrecen servicio de hotel y normalmente se encuentran en los pequeños pueblos, rodeados de la vida diaria (www.homelidays.com).


 

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