Palermo: El barrio más emblemático de Buenos Aires

luna de miel en Palermo

¡Déjense sorprender por la cultura argentina! Será la luna de miel que siempre soñaron.

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Por: Flor Podesta

Buenos Aires es una ciudad muy disfrutable para conocer en pareja: sus banquetas sombreadas por árboles y su trazado español resultan excelentes para caminar y detenerse a explorar tiendas, cafecitos y librerías. Los barrios más interesantes y hermosos pueden recorrerse sin depender de transportes urbanos ni tener que atravesar inhóspitos ejes viales. Se trata, sin duda, de un destino romántico donde se sentirán más enamorados que nunca.

Comer bien es toda una tradición, gracias a su buen vino y a la variada herencia culinaria, principalmente italiana, española y francesa. Se trata de una ciudad llena de pasión, con ese “no sé qué” difícil de explicar que los atrapará para siempre.

Diseño y buen comer

Palermo es paradójicamente uno de los lugares más tradicionales y nuevos de Buenos Aires. En un pasado no muy lejano, el entonces llamado “Palermo Viejo” era habitado por familias de clase media y gente de oficios.

Las antiguas casas art nouveau se conservaban virtualmente intactas desde principios del siglo XX, cobijadas por la sombra de centenarias “tipas”, un árbol originario de la pampa.

Por el barrio —que tenía la mística del tango y la bohemia— también desfilaban intelectuales, profesores universitarios y una gran cantidad de psicoanalistas cuyos servicios resultaban imprescindibles para cualquier porteño que se preciara de tal.

Después del 2001, con la llegada de la crisis y la devaluación, Argentina se sumió en el aislamiento económico. El eclipse de productos importados impulsó a los jóvenes a elaborar objetos, diseño y  arte “made in Argentina”. Los talleres de artífices se abrieron a las calles y se organizaron ferias con creaciones de autor en espacios industriales abandonados.

Poco a poco, la vanguardia y la movida alternativa crecieron en el barrio. Hoy “Palermo Soho”, así llamado con la autoironía de los argentinos, es uno de los más sofisticados y entretenidos de la capital. Resulta un placer explorar sus rincones.

Una recomendación para que disfruten de una comida inolvidable: en pleno corazón del barrio se  encuentra La Cabrera, la mejor parrilla de Palermo. Este restaurante que comenzó como un asador chico, logró sofisticarse sin perder su aire informal y localista.

Si no llevan reservación, quizá tengan que esperar un par de horas para obtener una mesa. Pueden hacerlo como las decenas de argentinos y extranjeros, tomando un vino o una copa de champaña en los banquitos de la avenida.

¿Los horarios para comer? Desde el mediodía hasta las tres de la mañana. Si les gusta parrandear, las calles, restaurantes, cafeterías, bares, también las librerías, teatros y cines, están siempre llenos, no importa si es un lunes o en cualquier otro día de la semana en plena madrugada.



Imágenes: Flor Podesta

De cara al río

Los porteños, durante años, se empeñaron en vivir “de espaldas al río”, como se decía. Pero desde hace algún tiempo arquitectos y desarrolladores comenzaron a revalorizar el paisaje acuático. Los barrios que se asoman al Río de la Plata, como La Boca, Barracas y Puerto Madero, le han concedido una nueva fisonomía a la ciudad regresándole ese distinguido toque de embarcadero.

El Puerto Madero es ya un paseo clásico, y uno de los más hermosos y románticos; nativos y foráneos no se cansan de visitar este escenario espectacular que fue rescatado del olvido. Están los famosos “docks”,  una serie de edificios y almacenes de ladrillo rojo diseñados por John Hawkshaw —reconocido ingeniero inglés de  la  época—, muy característicos de la arquitectura industrial inglesa a finales del siglo XIX.

Éstos permanecieron abandonados desde 1920, cuando el viejo puerto fue reemplazado por el nuevo. Enmarcan al barrio más nuevo, caro y chic de Buenos Aires. Se ubica a unos cuantos pasos del centro histórico y del distrito financiero (“la city porteña”), y también cerca de la aristocrática zona de Recoleta y los típicos barrios de San Telmo y La Boca.

¿Por qué es tan disfrutable? Si vamos a caminar (o a patinar o a andar en bici) por el Puerto Madero, tendremos de un lado la sucesión de almacenes de ladrillo rojo ahora vueltos a la vida con flores, balcones, restaurantes, heladerías y cafecitos; del otro lado, una ola de construcciones futuristas y rascacielos de diseño que nos hacen creer que estamos en Shanghai.

Y entre las dos orillas, reflejando las nubes, el amplio y sosegado canal donde fluyen las aguas del río, interrumpido por espectaculares puentes levadizos, ocasionalmente surcado por barcos, veleros de gran porte y kayaks. El viento frío del sudeste sopla desde el mar trayendo gaviotas, con la humedad de las extensiones infinitas del río y del delta, bajo uno de los cielos más azules que podamos imaginar.

Mi recomendación es caminar junto al agua cuando baja el sol y comienzan a encenderse las luces del puerto y la ciudad: el cielo lleno de colores y la iluminación nocturna es un paisaje que nunca olvidarán y donde podrán sellar su amor.

Las 170 hectáreas del barrio tienen todo para que se diviertan como nunca: galerías de arte, antros, hoteles, bares al aire libre, tiendas exclusivas, muestras de artistas renombrados, obras de vanguardia y edificios históricos reciclados por famosos arquitectos, museos, cafés, el espectacular Puente de la Mujer, obra de Santiago Calatrava y, además, la posibilidad de remar y navegar.

Y por supuesto, 70 restaurantes, algunos de ellos entre los mejores de la ciudad, como Chila, cuya joven chef ya cuenta con varios premios internacionales.  

Noche de tango para dos

Como era de esperarse, en Buenos Aires el tango está más de moda que nunca. En la época de nuestros abuelos, las milongas (lugares para bailar tango) con orquesta en vivo eran el hit.  

Hace un tiempo comenzaron a resurgir. Para danzar bien hacen falta años, pero no es imposible… Pueden ir en pareja a cualquiera de las milongas ya que en todas se dan clases para principiantes y avanzados; en un par de sesiones estarán “sacándole viruta a la pista”. ¡Este es uno de los planes más divertidos para la noche porteña!

 

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