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El poder del cambio: dejar ir y disfrutar del presente

Estoy convencido de que existe un agujero negro al que van todos los pares de calcetines que nunca encontramos, el juego de llaves que un buen día decidió abandonarnos o aquel objeto minúsculo que teníamos en el bolsillo. De la misma naturaleza, existen realidades paralelas en donde sucedió todo aquello que pudo ser, en donde dijimos lo que jamás pudimos expresar o en las que simplemente fuimos correspondidos. Sin embargo, como todos esos objetos perdidos que dejamos ir, debemos desafanarnos de la historia que no estamos viviendo y abrazarnos a lo que sí tenemos; despedirnos del último vestigio de lo que quisimos que fuera y acoger lo que es.

Tal vez no lo veas ahora, pero los fracasos nunca son definitivos. Las alas son como las plantas, hay que cortarlas algunas veces para que vuelvan a crecer más fuertes que antes y mientras más pronto lo entiendas, más rápido te encontrarás volando tan alto como tus sueños. Tu propia vida es la historia más interesante que vas a escuchar un día y lo mejor de todo es que tú decides hacia dónde dirigirla. Habrá ocasiones en que el narrador dicte lo contrario a lo que espera el personaje, pero él siempre tendrá la libertad de actuar a su voluntad ante el nuevo escenario. 

A pesar de que siempre es buen momento para reinventarnos, algunas veces necesitamos un cartel en luces neón que nos lo indique y el fin de año es esa señal fluorescente en el medio de la carretera que nos invita a cambiar de rumbo. Es momento de cerrar cíclos, levar anclas y zarpar en un viaje hacia el destino más ansiado de todos: tu felicidad. Lleva contigo solo aquello que te haga sonreír, que te hace ser mejor persona y que te complementa. Procura tirar por la borda miedos, complejos, rencores, decepciones, reclamos, enojos y tristezas. Viaja ligera, perdona, disfruta, vive.

El cambio es un imponente gladiador con el poder de paralizarnos, pero nunca debemos temerle. Si sabemos aceptarlo, luchará batallas a nuestro favor y será el guerrero que nos lleve a conquistar nuevos horizontes. Déjalo entrar en tu vida, y para hacerlo en plenitud debes dejar ir, ya que si nos aferramos con demasiada fuerza a nuestro pasado, el futuro nunca llegará.  Alguna vez me dijeron que la gran tragedia de la modernidad era el pensar que todo tiempo pasado fue mejor. Estás viviendo el mejor tiempo de tu vida, estás viviendo hoy. Todo camino tiene sus baches, y si al mirar hacia atrás no los recordamos no significa que no estuvieron, sino que logramos quedarnos únicamente con lo mejor de cada situación. Recuerda las lecciones del ayer con cariño, concéntrate en el presente y sin obsesionarte, mantén un ojo en el futuro.

Agradezco al año por todo lo que me trajo, acepto lo que se llevó y me despido de todo lo que perdí: mis llaves, múltiples calcetines, mi suéter favorito, unos audífonos, mi cartera, un par de sueños y las cosas que quise que fueran y no pudieron ser. Ahora están todas en el mismo agujero negro: el pasado. Bienvenido sea el cambio, es momento de encarar el futuro.