Diamantes: todo lo que debes saber antes de comprar uno

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Por: María Josefa Cañal

De todos los lujos, se dice que los diamantes son la mejor inversión: son pequeños –y fácilmente transportables–, indudablemente bellos, muy cotizados en el mercado global… y están en peligro de extinción.

Hace unos seis años, visitó a José Dávalos Mejía –un reconocido joyero mexicano– una señora muy mayor a la que su abuela había heredado un diamante de más de 7 quilates. "Me dijo que necesitaba $300 mil dólares para salvar la hipoteca de su casa. Había llevado la piedra a varios lugares: en México le ofrecían $150 mil dólares; en Estados Unidos, $200 mil, asegurándole que no valía más porque tenía un 'corte antiguo'”.

"Era un diamante con muy buen color y pureza; si se volvía a tallar quedaría impecable. Le dije que se lo compraría en 575 mil dólares. Muy sorprendida por la noticia, decidió confiar en mí. Mandé tallar la piedra en Amberes, Bélgica, y quedó un hermoso diamante de 5 quilates que se vendió en una semana. Yo gané unos pesos y la señora me amó hasta su muerte".

Esta anécdota ilustra lo complicado que puede ser el mercado diamantífero del mundo, accesible sólo para conocedores, pues "con la llegada de los simuladores del diamante, resulta muy difícil precisar si una piedra es auténtica o sintética. Por tratarse de un trabajo de expertos, a cualquiera lo pueden engañar en la compra", asegura el director general de JD Joyeros.


No todos los diamantes son brillantes

A lo largo de la historia, el diamante ha maravillado al ser humano por su belleza y misterio. Esta piedra, un recurso natural no renovable, es el material más duro que existe en la naturaleza. Además es autónomo, individual y único: ninguno se parece a otro. Se trata de la gema más demandada y costosa del mundo.

Existen cuatro elementos a tomar en cuenta para determinar la calidad y el costo de un diamante tallado, conocidos como las cuatro “Cs” (en inglés):

Peso (carat). Se mide en quilates, y su abreviatura es ct. Para saber el precio de un diamante, debe multiplicarse su peso por el precio del quilate.

Color (colour). Cuanto más blanco, un diamante tallado será más bonito, escaso y valioso. El Gemological Institute of America (GIA) ha establecido un sistema alfabético para poder calificar el color de los diamantes tallados: empieza por la "D", la más blanca (o, mejor dicho, incolora) y finaliza en la "Z", que indica un creciente nivel de tonos amarillos y/o marrones. Estos son diamantes de inferior calidad.

Corte (cut). Se refiere a las proporciones del diamante, sea cual sea su forma. Dichas proporciones son: la profundidad de su pabellón, la altura de su corona y la uniformidad y simetría de todas sus facetas.

Pureza (clarity). Esta característica determina la ausencia o presencia de defectos, y el tamaño y número de inclusiones (marcas internas) en el interior o en la superficie de un diamante tallado. Cuanto más puro y limpio es un diamante tallado, más brillo y luz refleja y –en consecuencia– más escaso y valioso resulta.



Dávalos –el primer gemólogo graduado de México por el GIA– explica que “el corte es el único de los cuatro elementos donde interviene la mano del hombre y se ha perfeccionado, gracias a la tecnología”. 

El experto añade: “En Latinoamérica cometemos el error de llamar brillantes a todos los diamantes, de forma genérica, cuando se trata sólo de un tipo de corte”. Hoy existen, además, los llamados cortes de fantasía: corazón, esmeralda, marquesa, gota, pera, etcétera.

Una excelente opción para invertir

Datos de DeBeers –la mayor firma mundial productora y comercializadora de diamantes– indican que, en 1980, México era el séptimo importador de diamantes del mundo. Hoy el país ni siquiera aparece en las estadísticas, a pesar de que, como proveedores de diamantes al mayoreo en México, JD Joyeros ha podido constatar que, en épocas de crisis, la gente opta por comprar diamantes.

“Su ventaja sobre otras inversiones es que no existe nada tan pequeño en el universo que concentre tal valor y belleza”, precisa el experto, quien añade que además se cotizan en el mercado internacional y pueden transportarse con facilidad.

Una persona puede llevar consigo, en una pequeña bolsa, diamantes con un valor superior a los $100 millones de dólares, pero no puede hacer lo mismo con un inmueble, una obra de arte o metales preciosos -como oro, platino, etcétera-, asegura el experto.

Un diamante incrementa su valor con el paso del tiempo. No obstante, “su plusvalía es a largo plazo. Si alguien pretende vender la piedra un par años después de comprarla, seguramente va a perder dinero. Para capitalizar su inversión, debe esperar al menos unos 15 o 20 años”.

Eso sí, en el futuro, el diamante será un bien mucho más valioso. “Se calcula que para 2050 las minas existentes estarán agotadas. Hoy ya empiezan a escasear, sobre todo los de más de 2 quilates”. Por eso, Dávalos recomienda comprar, antes que nada, un diamante principalmente por su tamaño, claro, sin dejar de considerar las otras tres "Cs".


El tamaño de los diamantes sí importa

Dávalos hace las siguientes recomendaciones a todas aquellas personas que desean comprar un brillante:

Definir su presupuesto, para saber cuánto quieren gastar.

Elegir el diamante tomando en cuenta: 

1) Que sea lo más grande posible. Además de que son más difíciles de hallar, el precio por quilate en piedras más grandes crece de manera exponencial.

2) Que sea lo más blanco (transparente) posible.

3) Que sea lo más puro posible, con pocos defectos (es más difícil hallar piedras blancas que piedras puras).

4) Que tenga el mejor corte. "No caigan en el anzuelo de elegir, antes que nada, un corte atractivo porque, a lo mejor, el día de mañana puede cambiar y perder valor".

Acudir con un joyero de confianza. Este es un negocio de boca en boca y por lo general, un buen joyero no se arriesga a desprestigiarse.

Solicitar un certificado de la GIA o emitido por un tercero autorizado. Para evitar engaños y dejar constancia de que la piedra de que habla el certificado es esa y no otra, los diamantes se están grabando con rayo láser en el filetín (espacio que une el pabellón y la corona) con un número de serie que aparece en el certificado.

¡Ojo con las ventas por Internet! "Existen tres empresas que comercializan diamantes por la red: no son de fiar. Me ha tocado ver piedras que no son auténticas y, una vez compradas, el cliente no puede reclamar si estas incumplen con las características que le prometieron".


Te invitamos a leer el reporte completo en la revista Inversionista de septiembre, o visitar su sitio web

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