Citas románticas: ¿quién debería pagar la cuenta?

¿Deben ellos invitarnos siempre? Si no lo hacen, ¿deberíamos asumir que son tacaños?

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Por: Ana Valdivia

¿Se puede dividir la cuenta sin que los despreciemos por tacaños? ¿Pueden invitarnos a cenar y abrirnos la puerta del coche sin que ello signifique que somos el “sexo débil”?


Mi novio actual me conoció en plena época feminista, cuando pasaba mis ratos libres leyendo a Simone de Beauvoir y me reunía con un círculo de amigas para hablar del tema. Él creció en el norte de México, en el seno de una familia tradicional y, en general, de una sociedad mucho más conservadora que en la que yo crecí.

Ya se podrán imaginar cómo fueron nuestras primeras citas: él intentaba abrirme la puerta del coche y yo refunfuñaba que podía hacerlo sola, yo insistía en que dividiéramos la cuenta a la mitad (aunque en el momento no tuviera ni en qué caerme muerta), no le pedía que pasara por mí sino que llegaba en mi propio coche… en fin, tenía que demostrarle que yo era una mujer libre e independiente.

Mientras yo protestaba por su caballerosidad, que interpretaba como “actitud de macho”, una de mis mejores amigas se quejaba amargamente de la primera cita que tuvo con un chico. “Cuando trajeron la cuenta me dijo que nos tocaba ‘de a 200 pesos por persona’”, me dijo. Con el billete que le dio a su date se fueron sus ganas de volver a salir con él.

¿Existe un punto medio? ¿Se puede dividir la cuenta sin que los despreciemos por tacaños? ¿Pueden invitarnos a cenar y abrirnos la puerta del coche sin que ello signifique que somos el “sexo débil”?

Tuvieron que pasar varios meses de noviazgo para que yo aprendiera a ceder un poco. Aprendí, no sin antes sacarle muchas canas verdes, que lo mejor que podía hacer era buscar un equilibrio: dejarme consentir –y eso implicaba dejar que él abriera las puertas, me cediera el paso y pagara la cuenta– y ofrecerme a invitarlo yo otras veces. ¡Y la verdad es que me ha funcionado bastante bien!

Tengo que admitir que ahora las posturas extremas me causan algo de escozor. Considero que las mujeres que esperan que un hombre pague siempre necesitan seriamente replantearse lo que buscan en una pareja. Qué quieren, ¿un compañero o un cajero automático? Por el contrario, las mujeres que se incomodan cuando un hombre se ofrece a pagar la cena tal vez podrían aprender a ceder... y dejarse consentir algunas veces.

¿Ustedes qué opinan? ¿Creen que él siempre debería pagar la cuenta o que nosotras también debemos hacerlo?

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