Carta de una hermana a la novia

Las conmoverdoras palabras de una hermana hacia su cómplice

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Por: Érika Gutiérrez

A mi hermana,


Cuando éramos pequeñas organizábamos la boda de nuestras muñecas; elegir el vestido, el momento de dar el “sí” y el beso, fueron siempre nuestra parte favorita. Hoy ese juego se volvió una realidad en nuestras vidas, tú como la novia y yo como dama, y la emoción y felicidad que siento son indescriptibles.


Hoy no sólo papá te entregará en el altar, yo entrego a mi mejor amiga, a mi compañera de juegos, a la persona más maravillosa que conozco y a la mujer más que más hermosa se ve en un vestido de bodas. Y aunque la nostalgia es inevitable, me hace feliz saber que te vas al lado de un hombre completamente enamorado, un hombre que ama intensamente cada parte de ti y lo dice sin miedo.


Recuerdo claramente cuando me contaste que lo amabas, la sonrisa que llevabas era esa que sólo dejas salir en momentos muy especiales, y desde el día en que me dijiste que él te amaba de regreso, esa sonrisa tan rara y única, no desapareció ni ha desaparecido. Por eso hoy comparto esa alegría contigo, porque sé que él te hace feliz.


Hoy ambas comenzamos una nueva etapa, una que dará un giro entero a nuestras vidas. A partir de este momento tú y él se convierten en “nosotros”, ahora él se integra oficialmente a nuestra familia. Habrá una infinidad de cambios, y créeme que me ha costado mucho trabajo dejar de temerles, pero los cambios siempre son buenos, o por lo menos este lo es, ¡no puedo esperar por conocer lo que nos depara el futuro!


No te preocupes si durante tu gran día me ves derramar algunas lágrimas, tienes que saber que cada una de ellas va llena de júbilo y que ninguna tiene tintes de tristeza, son del mismo tipo de lágrimas que resbalaron por tu rostro cuando mamá llegó con un perrito a casa, o cuando te conté de mi nuevo trabajo, son lágrimas de felicidad, orgullo, y amor.


Estoy muy orgullosa de ti y de la mujer en la que te has convertido, y estoy infinitamente agradecida por todo lo que has hecho por mí: gracias por las largas pláticas llenas de consejos sensatos, uno que otro regaño e incontables risas. Gracias por prestarme tu ropa incluso cuando se trataba de tus prendas favoritas; gracias por llenarme de abrazos y cuidados cuando me enfermaba; gracias por dejarme dormir contigo cuando la tristeza me atrapaba. Gracias por todo, gracias por ser mi hermana, eres asombrosa.


Quiero que sepas que siempre voy a cuidarte, independientemente de si ahora él también cuidará de ti, que siempre estaré lista para dejarlo todo si me necesitas, aunque ahora me necesitarás menos, y que siempre te voy a amar de la manera más sincera y dulce porque eres una de las personas más importantes de mi vida, ¡qué suerte tenemos él y yo de tenerte!


Espero con ansias verte luciendo ese hermoso vestido, caminar hacia ese par de ojitos enamorados que pone mi cuñado cada vez que te ve, escuchar los votos que llevas practicando desde hace semanas, y bailar nuestra canción favorita cuando ya seas oficialmente una mujer casada.

¡Que comience la aventura!

 

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