Apoyo matrimonial

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El bienestar económico de un matrimonio no depende únicamente de él. Tu papel como socia y compañera de vida es crucial.

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Por: Xaviera Sol

Entre hombres es común escuchar que una mujer o te eleva al cielo o te hunde hasta el fondo del mar. Es también muy conocido aquello de que detrás de un gran hombre hay una gran mujer (aunque es más justo decir que al lado de un gran hombre hay una gran mujer).

 

Esta expresión encierra una verdad: las mujeres tenemos la capacidad de hacer exitoso un matrimonio en lo sentimental y en lo económico. Lo malo es que, como nadie nos lo explica, apoyamos o entorpecemos la carrera de nuestro marido de manera intuitiva, sin detenernos a examinar las señales que nos pone enfrente la vida.


Seamos honestas: por mucho que creamos en ellos, no todos los hombres son los empresarios que nosotras (o ellos mismos) imaginan. En la práctica les cuesta algo de trabajo avanzar por un sinnúmero de razones. Es entonces donde tu participación es determinante para mantenerlo en el carril correcto.

 

Tu punto de vista será más objetivo y libre de emociones derivadas de las relaciones interpersonales que se dan en la oficina. No tienes que ser experta en la profesión de tu marido, pero sí debes conocer sus fortalezas y debilidades de carácter. Eso te permitirá predecir cómo reaccionará en situaciones de estrés o euforia y te ayudará a sincronizarte con sus expectativas personales a la hora que le sugieras qué hacer para resolver algún problema de trabajo.



TIP: Si ves su mundo laboral desde fuera podrás apoyarlo con buenas ideas y ayudarlo a que se plantee metas nuevas.

 

 

         

 


Muestra interés en sus logros personales y carrera; no lo hagas sentir como un proveedor, cuya única función es aportar dinero. Su bienestar y estabilidad son igualmente importantes. Pon en claro qué metas quieren alcanzar en el corto y mediano plazos en cuanto a su trabajo: un ascenso, sólo un aumento, tiempo para seguir estudiando, un cambio de empresa u otra cosa que les beneficie.

 

Después complementa esa meta laboral con una de pareja, como comprar una casa, cambiar de auto, tener uno (o varios) bebés, mejorar el estilo de vida, disponer de más tiempo en familia o cualquier cosa que ambos consideren importante para su desarrollo.


Al juntar estas dos perspectivas serán más claras las cosas por las que vale la pena desgastarse. No tiene sentido aspirar a un ascenso si para ustedes es más importante pasar tiempo en familia. Con un nuevo puesto viene más responsabilidad. Económicamente las cosas irán mejor, pero su vida familiar se deteriorará. Si el “talento” de tu marido es estar en la oficina, escúchalo y ayúdalo con un punto de vista.

 

Los hombres tienden a reaccionar de manera mecánica sin ponerse a pensar en otro tipo de tácticas más allá de la confrontación y los sistemas de autoridad. Si le transmites las ventajas de lograr empatía con sus compañeros de trabajo y logras que entienda que a veces se gana más con miel que con hiel, le darás herramientas que le habrían costado muchísimo tiempo descubrir por sí mismo.


La misión de una esposa va mucho más allá de verse linda y esperarlo con una sonrisa todos los días. Eso es cosa del pasado. La mujer actual también debe ser asesora de imagen, consultora profesional, estratega, planeadora y hasta psicóloga organizacional.

 

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