Montreal, la ciudad canadiense donde aflora el amor

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Foto: Garen Meguerian

Esta urbe conjuga la parte romántica de la tradición francesa con la elegancia inglesa.

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Por: Mercedes Alvarado, fotos: Mauricio Ramos

Caminar por Montreal es vivir la magia de una ciudad cosmopolita que los está esperando para mostrarles todos sus rincones. En esta isla, perteneciente a la provincia de Québec, se reúne la herencia de dos culturas que conviven desde hace casi tres siglos.

El Viejo Montreal, la parte más antigua, es ideal para un paseo vespertino por los edificios de tipo renacentista, que no han sido modificados desde su fundación. Aquí encontrarán la catedral de Notre Dame, que ofrece un espectáculo de luz y sonido a sus visitantes. Hagan una parada por la plaza Ville Marie y tómense todo el tiempo que necesiten para ver las fuentes, esculturas y monumentos que dan muestra de la historia de esta urbe otrora amurallada.

 

Uno de los mayores atractivos de Montreal es su oferta cultural y artística. Su tradición de festivales la ha llevado a ser la única que cuenta con más eventos que semanas en el año. Visiten el Museo de Bellas Artes; su exposición permanente incluye cuadros de Picasso, Dalí y Van Gogh, además de una selección de obras canadienses.

Dediquen una mañana al Biodomo, una impresionante réplica de cuatro ecosistemas bajo un solo techo. Es como cambiar de latitud con tan sólo pasar la puerta. Cruzando la calle los espera el Estadio Olímpico, con su mirador inclinado, que sigue siendo uno de los mejores del planeta. Al bajar pueden atravesar el parque La Fontaine, con el clásico estilo europeo, hasta llegar al Jardín Botánico. Entre las más de 22 mil especies y variedades de plantas destaca la colección de orquídeas (flores cuyo nombre significa “la entrega del corazón”).

Otra de las características de Montreal son sus barrios. St. Henri, muy cerca de Notre Dame, es conocido como “el callejón de las antigüedades”, es decir, el sitio perfecto para comprar algo destinado a decorar su nuevo hogar. Para consentirse, la parada obligada es Le Plateau, el centro de la moda en esta ciudad canadiense, donde se concentra el verdadero estilo local. También podrán sentarse a tomar una copa de vino o un té caliente mientras se divierten viendo el movimiento urbano tras la ventana de alguno de sus típicos cafés.

Si quieren seguir con las tiendas, hay que visitar la llamada “ciudad subterránea”, una estructura bajo tierra con cientos de boutiques y restaurantes por la que pueden desplazarse de un lado a otro protegidos del frío.




En una urbe con tanta tradición, la gastronomía es también de primer nivel. La Queue de Cheval es el lugar perfecto para cenar. Ubicado frente al estadio de hockey, el establecimiento está decorado en madera y cuenta con una parrilla circular, la más grande de Norteamérica, donde podrán cocinar para ustedes un corte de carne añejado al carbón de madera de maple. Su selección
de vinos es vasta, y un camarero les explicará todo en francés, inglés o español.

Al caer la tarde, caminen de la mano por las veredas del Mont-Royal, una pequeña montaña donde los cobijarán árboles de más de un siglo. No olviden tomarse una foto desde el mirador, con los edificios y el muelle al fondo; será una de las mejores 
de su luna de miel. No lo duden: hospitalidad, historia y modernidad hacen de Montreal un destino espléndido para este primer viaje romántico en el que disfrutarán de un paisaje que los hará vibrar.


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