Mantén tu tranquilidad espiritual

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Aprende con sencillos pasos a cultivar la quietud interior. Todos amarán a una novia calmada y positiva. ¿Quieres a los tuyos cerca?

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Por: Nupcias Magazine

Al contrario de lo que muchos piensan, la tranquilidad espiritual no consiste en la mera inactividad o pasividad de las emociones o las ideas, sino que es un estado mental.

 

Según la terapeuta española Maite Artiaga, que imparte cursos de "Educación de las Emociones", la también denominada quietud interior o paz espiritual, puede cultivarse adoptando una serie de nuevas “actitudes y aptitudes”, ante lo que nos rodea. Nupcias te presenta algunas opciones que puedes realizar en la comodidad de tu hogar:

 

Medita en silencio


La especialista recomienda dedicar un espacio diario al silencio, ya que la mente está expuesta a estímulos de toda clase, con lo que al final de la jornada es fácil sentirse agotada y confusa. La soledad puede ser positiva y placentera; es un estado natural y necesario en el ser humano.

 

La soledad también es buena

 

Es fundamental dedicar unos minutos al día a la inactividad, sin compañía. La soledad ayuda a acercarse al propio ser y a apreciar más el contacto con el mundo.

 

Vive el presente

 
Otra recomendación es prestar atención al instante que estamos viviendo. La terapeuta enfatiza en que el pasado es irrecuperable y el futuro incierto. Sólo disponemos del momento presente. Si nos pasamos la vida recordando acontecimientos pasados o evocando proyectos que han de cambiar tu vida pero raramente se concretan, estamos buscando la felicidad en el lugar donde no está.

 

Ayuda a los demás

 
Artiaga también aconseja procurar servir al mundo y ayudar a los demás. La experta señala que existe una alegría sin causa, que no depende de condiciones externas ni ajenas, que se despliega desde muy dentro de nosotros y brota de saber que tu vida diaria es coherente con el propósito central que da sentido a tu existencia.

 

Borra todo pensamiento negativo

 
Por último, Maite Artiaga sugiere limpiar la cabeza y el corazón de “malas hierbas”. Deshacerse de las culpas, las decepciones, las frustraciones y toda la carga negativa que hemos ido acumulando a lo largo de los años. Ya no existen ni tienen remedio, pero pueden cerrar el paso a iniciativas nuevas e impedir ver cambios enriquecedores.

 

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